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Jornada Mundial de los Pobres

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

gil hellin

Celebramos este domingo la III Jornada Mundial de los Pobres, una invitación que el Papa Francisco dirige a toda la Iglesia, así como a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que escuchen la voz dolorida de los pobres. Con esta iniciativa el Santo Padre busca recordar el puesto central que los pobres tienen en el mensaje y en la misión de Jesús, que ha venido a «dar la Buena Noticia a los pobres» (Lc 4, 18). Esta clave fundamental ha de tener su fiel reflejo en la vida de la Iglesia y en el quehacer de cada cristiano. El objetivo de esta Jornada, por consiguiente, no es tanto reflexionar sobre la pobreza o sobre sus dinámicas, sino acercarnos realmente a los pobres desde el convencimiento de que ellos «nos salvan porque nos permiten encontrar el rostro de Jesucristo», ya que Él se ha identificado con ellos.

Con motivo de esta Jornada, se organizan actividades que buscan visibilizar lo que es el quehacer ordinario de tantas acciones eclesiales en el mundo de los pobres: yo mismo he visitado estos días la cárcel, donde se encuentran personas carentes de libertad. También en parroquias y arciprestazgos se viven diferentes actos, celebraciones, comidas y encuentros que buscan esa «amistad social» que ha de ser la clave diferenciadora de nuestro quehacer con los últimos. Porque la pobreza no es solo carencia de medios materiales para subsistir; es un estado de debilidad, de dependencia, de subordinación, de privación de otros medios necesarios para una subsistencia humanamente digna.

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Evangelio del domingo, 17 de noviembre de 2019

Jesús y sus discípulos se encuentran en Jerusalén frente al Templo, extasiados por esa joya reedificada y embellecida por Herodes el Grande. No son los únicos que sienten esa emoción. Algunos no pueden contenerse y dicen sin rubor: ¡qué maravilla! Jesús lo escucha e interioriza. Luego pronuncia una triple profecía: una para el futuro inmediato, otra para el futuro lejano y otra para el futuro final, cuando desparezca este mundo. La primera profecía es escueta: “No quedará piedra sobre piedra”. La segunda también es clara y cortante: “Habrá guerras y revoluciones”. La última es más amplia: “Todos os odiarán por causa de mi nombre. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”.

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Parroquia Sagrada Familia