Vio y creyó

—Dale, levántate, vístete, mira cómo está el día. Te dije que iba a estar bonito. Ya te preparé la comida, la mochila y el zumo. Apúrate que el autobús sale en unos minutos. La madre de Marta hacía el mayor esfuerzo para convencer a su hija de que fuera al campamento. Marta no disfrutaba de esos viajes. Prefería quedarse en su cuarto, con el ordenador, leyendo, sentada en algún lugar sin hierba, ni barro, ni hormigas.

—Eres un bicho de ciudad -le decían sus padres. —Y sí, nací aquí y pasé toda mi vida en este apartamento. Lo único que conozco de tierra es la maceta del balcón. —Va a ser un día espectacular. El sol brilla con fuerza. Todavía no llegó el frío del invierno. El otoño es hermoso. Las hojas sobre la hierba, de diferentes colores... Ideal para hacer un picnic. Cada palabra que decía su madre llenaba más de temor y de seguridad a Marta. Temor por lo mal que lo iba a pasar y seguridad de que no quería ir. Pero esto último no era discutible. Conocía a su madre y sabía que, cuando se le metía algo en la cabeza, era imposible hacerla cambiar de opinión. La consolaba la idea de que sólo serían unas horas de pasarlo mal.

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Evangelio del domingo, 21 de abril de 2019 - Pascua de la Resurrección del Señor

Evangelio significa Buena Noticia. Hoy se nos da la mejor de las noticias: Cristo ha resucitado. Si Cristo no hubiera resucitado nuestra fe sería vana, descansaría en el vacío y en la muerte. Pero Cristo resucitó y nuestra fe se acrecienta en la esperanza de que nosotros también un día podemos resucitar y entrar en la vida definitiva. Proclamar la Resurrección es anunciar que la muerte está vencida, que la muerte no es el final.

Nadie fue testigo del momento de la resurrección del Señor, porque no fue un hecho físico y sensible como el de levantarse del sepulcro para vivir la vida de antes. Fue un hecho estrictamente sobrenatural. Los apóstoles no vieron el hecho transformante, pero fueron testigos de los efectos: Vieron a Jesús, le palparon, y este acontecimiento les trasformó totalmente la vida. Hay personas que quizá piensen que la resurrección de Jesús fue como un revivir, como fue lo de Lázaro, la hija de Jairo o el joven de Naín. En ese caso después tendría que volver a morir. Lo de Jesús fue un paso adelante hacia otra vida superior, hacia una vida para siempre, una vida que será para nosotros.
Hoy lo primero que se nos pide es un acto de fe: creemos que Cristo resucitó, que vive entre nosotros. Cristo resucitó y por lo tanto vive para nosotros y en nosotros. La Resurrección del Señor no es un acto que pasó. Es actual, porque vive y lo debemos sentir que está con nosotros. La Resurrección nos revela que Dios no nos abandona, sino que está con nosotros en nuestro caminar de la vida. Por eso es un día de acción de gracias y de alegría. La alegría es un fruto del Espíritu Santo. No debemos ahogarla aunque hayamos sufrido con Cristo clavado en la cruz el Viernes Santo. Precisamente a aquellos que más unidos estuvieron con el dolor de Jesús en su muerte, en el día de su resurrección Jesús les quiere dar una mayor alegría. Sentir la alegría de Cristo resucitado sería una gracia que debemos pedir a Dios vivamente en este día.

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Quién traicionará

Los chicos y chicas de sexto curso habían ido de campamento. Todo había salido muy bien, hasta la última noche. En medio de la oscuridad, cuando se suponía que todos dormían, se escuchó un grito: "¡Gooool!". EL grito fue tan fuerte que los chicos y los profesores se despertaron. Una profesora, por salir corriendo de la carpa, se tropezó y cayó de cara sobre un tronco, y comenzó a salirle sangre de la nariz. Una chica se despertó de golpe y pisó la mano de su compañera. Uno de los chicos que estaba soñando, comenzó a gritar y no podían calmarlo. En breves instantes el campamento fue un caos. Algunos gritaban, otros lloraban, otros miraban medio dormidos y sin saber qué había pasado. ¿Se viene una tormenta? ¿Hubo un terremoto? —¿Dónde estoy? -preguntó Mariela que era bastante despistada.

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Oración especial para el Domingo de Ramos

Aquí estoy... "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad". En un borriquillo viene, cabalgando victorioso por la verdad y la justicia. Se dirige hacia su Pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres. Humilde y pobre entra en la ciudad; manso y cercano. Él no grita, los que le reciben sí. Salen a su encuentro, lo aclaman como Rey y Mesías; pero lo suyo es el silencio, la sencillez y la entrega. Podemos correr también nosotros, primero a por nuestro ramo de olivo, después para arropar a este modesto Jesús con el más firme y limpio propósito de acompañarle hasta el final, hasta donde Él va a llegar para salvarnos.

Subamos con Él a esa montaña, desnudos como Él, para que pueda lavarnos con su sangre y vestirnos con su gracia. "Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor". Vencedor de la muerte y del mal, condúcenos a los que en ti creemos, esperamos y amamos a tu gloriosa resurrección. Convierte el madero de nuestro dolor en árbol de vida. Porque... no he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor y cantar al triunfador de la muerte.

Evangelio del domingo, 14 de abril de 2019

Comenzamos la Semana Santa. La Iglesia nos presenta en esta semana los hechos más importantes de nuestra redención: la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Dios nos podría haber salvado con medios más sencillos, pero quiere unirse a nuestro dolor y testifica con su sufrimiento que su amor es sincero, es grandioso y que merece toda nuestra correspondencia. Para ello Dios se hizo hombre, aceptó un cuerpo como el nuestro y se entregó a la muerte y una muerte de cruz. Pero san Pablo hoy en la 2ª lectura nos dice que, por ese acto de humillación, Dios lo levantó por encima de todo hasta la resurrección. El dolor no es el final. Dios quiere para nosotros también un final de gloria y felicidad. La Pasión conduce a la Resurrección.

La liturgia de este día tiene dos partes bien diferenciadas, La primera, con la bendición de ramos y procesión, revivimos la entrada solemne de Jesús en Jerusalén. Luego en la Eucaristía se revive la Pasión, que se lee en el evangelio. Parece ser que proviene de la antigüedad cuando este domingo era nombrado en Roma como domingo de pasión, mientras que en Jerusalén celebraban la entrada con los ramos. Luego para toda la Iglesia se unieron las dos partes en una misma celebración.

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Parroquia Sagrada Familia