Evangelio del domingo, 21 de julio de 2019

Hoy se nos expone en el evangelio una escena hermosa en la que Jesús va a descansar donde una familia amiga. Jesús se nos muestra muy humano: Después de un trabajo arduo, goza de la amistad y agradece las atenciones y la hospitalidad de esta familia. También de la hospitalidad se habla en la 1ª lectura, cuando Abraham acoge a aquellos tres personajes que son ángeles o representación del mismo Señor. Así le trata Abraham y recibe la gran noticia de que se hará realidad su descendencia.

En el evangelio tenemos a dos hermanas que acogen a Jesús. Parece ser que, siguiendo las costumbres judías, una se encarga de las tareas domésticas y la otra del recibimiento y atención a los huéspedes. El hecho es que Marta quería hacer algo extraordinario en la cocina y no veía bien que su hermana María estuviera tranquila escuchando a los pies del maestro. Y se lo echa en cara y le dice a Jesús que diga a su hermana que vaya a ayudarla. En ese momento Jesús quiere darla una lección, que es también para todos nosotros. No pudo ser ningún regaño. Jesús, que había dicho que hay que agradecer hasta un vaso de agua que se nos dé, mucho tendría que agradecer todo el esfuerzo que hacía Marta para atenderle en la comida.

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La Iglesia en el mundo del silencio

Fidel Herráez Vegas (Arzobispo de Burgos)

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Burgos está siendo estos días sede del Encuentro Nacional de Pastoral del Sordo y del Sordociego, organizado por la Conferencia Episcopal Española a través de la Comisión Episcopal de Pastoral. Más de cien agentes de pastoral de toda España, muchos de ellos sordos, se han acercado a nuestra ciudad para vivir unos días de encuentro, para compartir experiencias, para orar juntos, para crecer en fraternidad y reflexionar conjuntamente sobre temas fundamentales para el trabajo pastoral en favor de la comunidad de personas sordas. El tema central de este año es la Eucaristía, bajo el lema: «Haced esto en conmemoración mía».

Es para nosotros un auténtico gozo poder acogerles en nuestra ciudad, que siempre ha destacado por su sencilla y cálida acogida. Además, nos ayuda a retomar una tradición que viene desde antiguo. Se dice que en el Monasterio de Oña, en el s. XVI, desarrolló su actividad uno de los precursores de la lengua de signos: Fray Pedro Ponce de León. Según está documentado, en el monasterio benedictino estableció una pequeña escuela para acoger a niños sordos a los que dotó de las herramientas necesarias para que pudieran ellos mismos desenvolverse autónomamente en la vida. En aquella obra llevada a cabo por este sencillo fraile tenemos escrita una página más de las muchas acciones silenciosas que la Iglesia ha hecho a favor del desarrollo humano y social de nuestra sociedad, especialmente de los más desfavorecidos.

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Evangelio del domingo, 14 de julio de 2019

Un escriba acaba de formular a Jesús esta pregunta: «¿Cuál es el primer mandamiento?» Jesús le ha respondido con otra pregunta y le ha cortado la huída hacia adelante. Porque es doctor de la Ley y la pregunta ha sido «¿qué dice la Ley?» Por eso, ha respondido de inmediato: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo?» Pero para sacarse la espina, cuando Jesús le dice que su respuesta es correcta, vuelve a preguntar: «Y ¿quién es mi prójimo?» Ahora es Jesús el que no puede irse por la tangente. No sólo no rehúye la respuesta sino que le da una lección magistral y, además, de una gran belleza. «Un hombre, le dice, bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos que le robaron, le apalearon y le dejaron medio muerto. Pasaron por allí un sacerdote y un levita y no se detuvieron. Pasó también un samaritano, se compadeció, le curó las heridas, le montó en su cabalgadura, le llevó a una posada y encargó al posadero que le cuidara y, a la vuelta, le pagaría lo que fuera debido. ¿Quién de los tres se portó como prójimo?» La respuesta no admitía la menor duda: «El que tuvo misericordia», dijo sin vacilar. Jesús sentenció: «Pues, vete, y haz tú lo mismo».

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Reflexión al Evangelio del Domingo 7 de julio

En otros lugares del evangelio encontramos que Jesús manda a predicar a los doce apóstoles. Hoy envía a 72. Estos eran como seglares seguidores de Jesús. Ello nos quiere decir que para ser misionero no es necesario ni ser aspirante a sacerdote, sino que todos, por el hecho de estar bautizados, debemos sentir la llamada de Jesús para predicar el Reino de Dios. No es que todos tengan que marchar a otro país, como a veces lo hacen algunas familias enteras; sino que siempre debemos estar dispuestos a manifestar nuestra fe y la alegría de ser cristianos más allá de nuestro ambiente. Este hecho de mandar a 72 es un significado de que la misión de Cristo debe ser universal. En aquel tiempo 72 era el número que se creía eran las naciones todas de la tierra.

Jesús les envía “de dos en dos”. Para los israelitas esto tenía importancia porque sus leyes exigían que al menos fuesen dos los testigos en cualquier juicio. Pero significa también que el evangelizar no es obra de un particular, sino de toda la comunidad, aunque la llamada de Dios exija una respuesta personal. También indica, especialmente entonces, el poder ayudarse y protegerse mutuamente en los peligros.
Lo que debe hacer un misionero es: predicar el Reino de Dios, sanar enfermos, que es hacer toda clase de bienes, y rezar. Misionar es necesario porque “la mies es mucha y los obreros son pocos”. Esta urgencia de entonces sigue siendo actual en nuestros días. El éxito no dependerá sólo ni principalmente del esfuerzo. Por eso el rezar. Para ser misionero es indispensable estar bastante tiempo con Jesús para experimentar su amor y para alimentarse de su palabra. También para pedir por otros misioneros.

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¿Estamos preparados?

Santa Teresa de Calcuta comentó que, un día, iba junto con sus Hermanas de la Caridad y tropezaron en la calle con un borracho. Creyendo que era una oportunidad para acercarse a él, el hombre tan pronto las vio, comenzó a gritar: “¡Váyanse! ¡No estoy preparado!”. Las monjitas se le acercaron para decirle que no se asustara, que eran solo hermanas. A lo que él contestó: “No, no: ustedes son ángeles del cielo, Dios me ha tomado por sorpresa... ¡y yo no estoy preparado todavía!”. Finalmente, el hombre volvió a ver a Teresa otro día y se reconcilió con Dios.

Y nosotros... ¿estamos preparados?. La realidad de la Iglesia es su peregrinar hacia la casa del cielo. En el camino, debemos purificarnos de lo que opaca nuestro ser cristiano. Esa es la intención de oración de esta liturgia. Una vez purificados, alcanzamos la alegría porque hay un regreso al seno de Dios.

Parroquia Sagrada Familia