Vence la indiferencia y conquista la paz

—Yo voy a la escuela para estudiar, lo demás no me importa. Yo siempre cumplo, llevo las cosas, estoy en mi lugar cuando termina el recreo, yo estudio y saco buenas notas. Lo demás no me importa. No soy como otros que siempre llegan tarde, no terminan las tareas, se portan mal en la escuela... Por mí, el que no sabe y molesta o repite que se vaya de la escuela—, le decía todos los días Bárbara a su mamá, refiriéndose a Tobías—. Además, no para de molestarme, quiere estar todo el tiempo al lado mío...

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La fraternidad, fundamento y camino para la paz

Cuando Amanda se enteró de que iba a tener un hermanito o una hermanita, se enfadó mucho. Ella tenía todo ordenado, cada cosa en su lugar. Los juegos estaban enteros, no faltaba ni una ficha, y cada uno estaba en su caja original. Ella conocía las casas de sus amigos y sabía que los hermanos menores son un desastre. Rompían todo, escribían los cuadernos... De sólo pensarlo, le daba pánico. Se tranquilizó pensando que el bebé iba a dormir en el cuarto de sus padres. —Sí, por un tiempo; después va a dormir contigo -le dijo la madre. A los pocos meses, se enteró de que iba a nacer Daniel. Y pensó: “peor todavía, los hermanos varones son muy pesados.

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La paz depende también de ti

“¡Ufa, se están peleando otra vez! Yo no me meto, que se arreglen, se pasan todo el tiempo peleando”, pensó Cristina mientras pasaba junto a Gabriel y Gastón. La pelea tenía un motivo. Gabriel se burlaba permanentemente de su compañero porque no le gustaba jugar al fútbol. Lo agobiaba, y cuando Gastón no tenía más remedio que jugar porque el profe de educación física lo obligaba, Gabriel lo empujaba o no le hacía pases, aunque estuviera solo delante del portero. Muchos de los compañeros escuchaban y veían el maltrato, pero, como Gastón se defendía y le contestaba, creían que ya estaba, que ya no era su problema.

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La verdad, fuerza de la paz

La directora vio un cristal roto en el patio y creyó que habían sido los chicos de cuarto que habían estado jugando a la pelota durante el recreo, aunque estuviera prohibido. Los llamó, los retó y los dejó sin recreo durante un mes. Debían quedarse sentados en unos bancos y charlando. No podían jugar ni con el móvil. De nada sirvió que protestaran; la directora no cambió de opinión. Si no habían sido ellos, de todas formas, habían estado jugando donde y cuando no debían.

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Si quieres la paz, respeta la conciencia de cada hombre

El abuelo se acercó a Cristina porque le llamó la atención que estuviera tan quieta mirando algo. Pensó que era un juego nuevo porque, cada vez que tenía uno en el móvil, podía pasar mucho rato sentada aprendiendo a jugar. —¿Qué estás haciendo? -preguntó-. ¿Es un juego nuevo? —No, abuelo, estoy mirando el calendario del año para saber cuándo son las fiestas, así podemos ir a visitar a los primos a su casa. No entiendo bien por qué hay algunos que se pueden cambiar de día y otros no. ¿Sabes por qué será? —No tengo idea -contestó el abuelo-. Se me ocurre que algunas fiestas se consideran más importantes que otras. —¡Qué extraño! El de San Martín se puede cambiar de día, y mira el 12 de octubre también.

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Parroquia Sagrada Familia