Combatir la pobreza, construir la paz

A Lorenzo le encantaba ir a los cumpleaños de los compañeros. Antes de salir de su casa, ya estaba contento. Se preparaba con entusiasmo y estaba parado en la puerta para salir antes de tiempo. Muchas veces, tenía que dar una vuelta a la manzana antes de entrar para no llegar antes que el cumpleañero. Y, cuando regresaba a su casa, no paraba de hablar y de contar cómo le había ido.

Un día, tuvo un cumpleaños en un campo de fútbol. Esas fiestas eran sus favoritas. Sin embargo, cuando su padre lo fue a buscar, estaba como perdido, no hablaba, iba serio... Su padre pensó que, quizás, se había peleado o le dolía la tripa por comer mucha tarta o sángwiches. —No, no comí tarta, tampoco muchos sángwiches -dijo. —¿No te gustó la tarta? —No sé, no la probé, parecía rica. Todos comieron un montón. —¿Te dolía la tripa? Si me hubieras llamado habría ido a buscarte más rápido. —No, no me dolía la tripa y tenía hambre. Lo que pasó es que, cuando me dieron el trozo de tarta y estaba por comérmelo, vi a un chico que miraba a través de la reja del campo.

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Si quieres promover la paz, protege la creación (2010)

La maestra pidió a los niños que llevaran un diario a la escuela. No hacía falta que fuera del mismo día, podían pedir uno cualquiera en alguna tienda o a algún vecino. Era necesario que estuviera completo para ver las secciones y suplementos. Fueron a la biblioteca donde había ordenadores y compararon los diarios en papel con la versión en Internet. De regreso al colegio, la maestra preguntó si había algo que les hubiera llamado la atención. —La violencia, la mayoría de las noticias son de guerras, de peleas, de muertes...

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Varios días después (La fiesta de los 15 años de Antonia)

El lunes siguiente a la fiesta de 15 años, Antonia vio que muchos chicos y chicas usaban su detalle recuerdo, y llevaban la libreta en la mochila. Eso la llenó de alegría. Durante el recreo, se le acercó Flor, una de las chicas que había ido a la fiesta. Fue a la última que había puesto en la lista. Después de poner a los que consideraba más amigos y, como le quedaba un lugar, sorteó entre el resto de los compañeros. Esto era un secreto, nadie lo sabía, pero ella sí, y sintió un poco de vergüenza cuando Flor le agradeció una y otra vez por haberla tenido en cuenta para invitarla.

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El vestido

Ya estaba organizado el lugar en dónde iba a ser la fiesta, la comida, la música... Faltaba el vestido. La tía y la prima fueron con varias revistas para elegir el modelo o comenzar a pensar en qué le gustaría. Había de todo. Vestidos sencillos, y otros que parecían de alta costura. Antonia miraba y miraba, escuchaba los comentarios y no decía nada. —¿Tienes alguna idea de lo que quieres? ¿Aunque sea el color? Antonia no contestó. Tenía un problema con el vestido. Le gustaban mucho los vestidos largos, los hombros al aire, mucha tela... Sin embargo, cuando ponía su rostro en lugar del de la modelo, no se veía para nada con ese vestido. O sea, le parecía muy bonito, pero como algo para ver en otra chica. No se imaginaba comiendo sopa ni asados, ni sentándose sobre el césped o los troncos de su jardín con ese vestido. Tampoco se imaginaba con zapatos de tacón de punta. Una vez se puso los de su madre y casi se mató cuando un tacón se le metió en el barro. Antonia disfrutaba de ese momento de ver vestidos, de escuchar a su madre, a su tía, a su prima y hasta a su hermano, que se había sumado a la crítica.

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La comida (La fiesta de los 15 años de Antonia)

La organización de la fiesta de los 15 años andaba muy bien. Tenían el lugar y la lista de invitados. En el fondo de la casa, ya estaban los materiales para hacer el merendero, y la mano de obra la pondrían familiares y amigos de sus padres. Faltaban varios meses, y todo iba a estar listo para principios de noviembre. Les iba a quedar tiempo para limpiar, adornar, preparar todo para la fiesta.

Un día, Antonia encontró a sus padres en la cocina haciendo cuentas con expresión de preocupación. —¿Qué os pasa? ¿Por qué estáis tan serios? —Estamos haciendo cuentas y viendo cómo vamos a pagar los gastos del cumpleaños. Entre la comida, la música, la ropa... Pero tú no te preocupes, lo vamos a solucionar de alguna forma —dijo el padre. —Como dice la abuela, no hay que preocuparse, hay que ocuparse —dijo Antonia y puso agua para el café.

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Parroquia Sagrada Familia