Misa del martes 12 mayo 2020

Escuchar lecturas y homilía

Oración

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,27-31a):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mi, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

Oración-Reflexión 39

Oración y reflexión para el día de hoy

Misa del lunes 11 mayo 2020

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Oración al Espíritu Santo

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,21-26):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Le dijo Judas, no el Iscariote:

«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»

Respondió Jesús y le dijo:

«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

Oración-Reflexión 38

Oración y reflexión para el día de hoy

Misa del domingo 10 mayo 2020

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Exposición del Santísimo

Estamos en el Cenáculo. Je­sús acaba de celebrar la Pas­cua con sus discípulos. Sabe que es la última vez que lo ha­rá en este mundo, pues la pasión y la muerte están a la puerta. Por eso, hace con los que le han se­guido siempre, pese a tantas va­cilaciones y tropiezos, lo que ha­cen los esposos, los novios y los amigos en la última conversa­ción: abre su corazón y va sacan­do de él perlas con las que se puede formar un collar espiritual ma­ravilloso. lmposible recogerlas todas. Nos quedamos con tres.

La primera es ésta: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Voy a prepararos una. Cuando la haya preparado, volveré a voso­tros para llevaros conmigo". No puede decirles, ni decirnos, pala­bras más consoladoras. Porque lo que ellas revelan es que, mediante su muerte y resurrección, nos abrirá a los suyos las puertas del cielo, para que, cuando deje­mos este mundo, vivamos para siempre con Él.

La segunda perla suena así: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Dios no se pue­de revelar completamente al hombre, porque sería intentar meter el mar en un vaso de agua. El hombre, por tanto, no puede ver a Dios en este mundo. Lo ve­rá luego. Pero ya desde ahora puede contemplar el rostro de Dios. Jesús nos muestra ese ros­tro. Por eso, Él es el camino para ir al Padre. No hay otro.

La última perla está en estas palabras: "El que cree en Mí hará las obras que yo hago. Incluso mayores". No es una hipérbole ni una concesión populista. Es la verdad. Los que crean en Jesús, es decir, quienes le conocen, aman y siguen no son superhombres, pero harán obras extraordinarias y sobrehumanas. Porque Jesús les ha tras­ferido su misión, su poder y su presencia de modo permanente.

Al cabo de los siglos vemos que la promesa iba en serio. De he­cho, mientras sus obras tuvieron por escenario el espacio de Pa­lestina y unos pocos años, sus discípulos las han realizado en todo el mundo y las seguirán ha­ciendo a lo largo y ancho del tiempo y de la geografía. Tú y yo podemos hacer lo mismo. En nuestra vida personal, familiar, profesional y de relaciones podemos hacer maravillas, pese a nuestra pequeñez basta que no dejemos el Camino: Jesucristo.

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Parroquia Sagrada Familia